
“Los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y verdad”
III DOMINGO DE CUARESMA
(Juan 4, 5-42)
He pasado esta tarde por delante de una iglesia
convertida en discoteca.
He sentido pena,
nostalgia de tiempos pasados cuando hasta las campanas
regulaban la vida de las gentes en pueblos y ciudades.
Varios conventos están a la venta
y seguro que algunos se convertirán en hoteles
o lugares de recreo.
Los claustros ya no serán los espacios idílicos
en los que se oraba en silencio.
¿Es el templo el único lugar en el que se debe orar?
Bien claro lo dejas, Señor:
A Dios hay que adorarlo en espíritu y en verdad.
¿En un templo cargado de imágenes?
¿En los claustros de un monasterio?
Me gusta, Señor, lo que hoy me dices:
que el sitio no importa para orar.
Tú escuchas todo lo que sale del corazón humilde y sincero
y aceptas las plegarias que te elevamos sin tapujos
ni circunloquios que oculten la verdad.
Escúchame, aunque me exprese mal,
y aunque a veces ponga un poco de interés personal
en pedirte cosas que no es necesario que te las recuerde,
pues tú ya sabes cuáles son mis necesidades,
mis debilidades
y mis puntos más sensibles.
Te seguiré rezando en cualquier espacio
y en todo momento,
pues necesito no perder el contacto contigo
pues eres el Dios Padre amoroso
que me cuida y me llena de vida.
Puedo hablar contigo
en el autobús aunque esté rodeado de gente,
en el monte cuando salgo a caminar…
Te hablaré para darte gracias
y para pedirte que me sigas acompañando
en cada uno de mis días.
José Serrano Álvarez