
“He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra”
SOLEMNIDAD DE LA ANUNCIACIÓN DEL SEÑOR
(Lucas 1, 26-38)
Nos parece normal querer imponer a los demás
nuestros deseos, caprichos e intereses.
Esto es lo que palpamos en derredor nuestro
cuando contemplamos que la fuerza
anula tantas y tantas voluntades y deseos de libertad.
Los poderosos intentan dominar a los débiles
y esclavizan a los que disienten de sus normas.
La joven María de Nazaret se asusta
por la visita y las palabras del ángel.
No comprende lo que éste le anuncia
y le expone sus dudas:
está desposada con el joven José
y aún es virgen pues cada uno vive,
como marcan las normas,
en casa de sus padres.
María acepta y dice sí porque se fía.
Ella se considera esclava
nacida para servir a Dios. Señor, el ejemplo de María me empuja
a esforzarme más
para aceptar tu voluntad,
aunque no comprenda muchas veces lo que me dices.
Debo ser menos yo y más nosotros,
escuchar más y hablar menos,
estar atento a las necesidades de los otros
y menos a imponer mis intereses…
He de fiarme más de ti
y olvidarme de mis caprichos.
Porque tú eres mi Señor
a quien me debo
en todo momento.
Tú eres quien me espera cuando tardo en llegar,
el que me guía cuando estoy perdido,
el que me da fuerzas cuando estoy cansado,
el que realmente me aporta la felicidad
que nace de la libertad de ser hijo de Dios.
Que sepa decir sí
para servirte mejor.
José Serrano Álvarez