
«El Poderoso ha hecho obras grandes en mí: enaltece a los humildes»
Asunción de la Bienaventurada Virgen María
(Lc 1, 39-56)
Eres sencilla, María.
Eres humilde.
Una chica de pueblo entre el pueblo.
Una vecina más en tu Nazaret,
la hija de Joaquín y Ana,
la de la mano tendida a los necesitados,
la joven que sonríe a todos.
la esposa del carpintero José, el hombre bueno.
Tus vecinos no lo sabían
pero Dios te eligió para sí.
Te dio el don de ser su madre terrenal,
sin que destacaras entre tus vecinos,
sin privilegios aparentes
que provocaran reacciones incontroladas.
Formaste una familia como otras familias,
educaste a tu Hijo como madre responsable,
aún sabiendo quién era él.
Dios te eligió a ti
entre todas las demás mujeres,
Dios te eligió a ti
entre todas las madres.
Dios, en su amor inmenso,
te premió con su gracia llenándote de ella.
Dios, que fue buen Hijo tuyo,
te hizo pura y te coronó junto a él
porque pudo hacerlo, pues es Dios,
y quiso hacerlo, porque es hijo bueno.
Hoy, los que también somos tus hijos,
porque Dios así lo ha querido,
celebramos las maravillas que hizo en ti el Todopoderoso.
Y te pedimos que ruegues ante él por nosotros
para que no nos separemos del camino recto
y vivamos para él,
sirviéndole en los que son hermanos nuestros.
José Serrano Álvarez