
«Los publicanos y las prostitutas van por delante de vosotros en el reino de Dios»
XXVI T. ORDINARIO
(Mt 21, 28-32)
A menudo calificamos a las personas según nuestras afinidades.
Estos son buenos porque piensan como yo.
Aquel es malo porque hace tal o cual cosa.
O, sencillamente, porque no es de mi cuerda.
¡Cuántos son condenados por nosotros!
Nos creemos justos y hasta nos consideramos jueces.
¡Vaya lección que nos das, Señor!
El ejemplo que pones está bien claro:
el hijo que dice sí a su padre y pasa de hacer lo que le ha mandado
y el otro hijo, que refunfuña, dice que no,
pero, al final, hace lo que le dice el padre. Para culminar el mensaje lo sueltas con toda rotundidad:
Los que consideráis malos os tomarán la delantera en el reino.
A ver si me entra en la cabeza que esos que no me gustan,
los que parecen los malos,
los que no van a misa,
los que aparentemente incumplen las normas morales…
todos esos me van a ganar en la carrera por entrar en el reino de los cielos.
Porque lo que hoy me estás diciendo, Señor,
es que no es suficiente con decir que voy a ser bueno
sino que, aunque diga que no, lo importante es que obre bien.
El reino, tu reino, está abierto a todos los que lo buscan con fe
y se esfuerzan por merecerlo.
No soy yo el que ha de repartir certificados de buena o mala conducta
porque en el fondo soy el más indigno de todos.
Las prostitutas, sí, esas mujeres siempre condenadas por la sociedad,
nos van a adelantar en la carrera por llegar al reino.
Y los que son rechazados por ser colaboradores de los enemigos
también nos van a ganar.
Es hora de despertar y coger carrera
para no quedarnos atascados en prejuicios;
en afinidades e intereses
y en decisiones injustas que condenan sin escuchar
basándonos solamente en apariencias.
Señor, que aunque tenga dudas,
vaya a donde quieres que esté
y haga lo que tú me pides; aunque no me guste.
José Serrano Álvarez