
En el vídeo de noviembre, que contiene la intención de oración del Papa para este mes, León XIV llama a revisar la relación con el dinero, los bienes y las oportunidades en un contexto que está marcado por una creciente concentración de la riqueza y dice que “sólo compartiendo podemos construir el futuro”.
El Papa invita a todas las personas de buena voluntad a reconocer que los bienes no son únicamente una posesión individual y a convertirlos en instrumentos de fraternidad y servicio. “Nada es solo nuestro, todo es un don compartido”.
El Santo Padre señala que “Todo lo que tenemos viene de Ti: la tierra fértil, los talentos recibidos, el esfuerzo de quienes nos precedieron”. Y advierte de que la riqueza, tanto “deseada como alcanzada”, puede terminar endureciendo el corazón y haciendo olvidar a quienes se encuentran en una situación de mayor fragilidad.
Por ello pide perdón: “por haber acumulado en lugar de compartir, por haber utilizado los bienes como poder y no como servicio”. La cuestión no se limita al dinero. La oración incluye también el tiempo, las capacidades personales y las oportunidades que cada persona recibe a lo largo de su vida.
León XIV señala que “La verdadera riqueza no está en lo que conservamos, sino en lo que damos con amor” y pide así aprender a utilizar “el dinero, el tiempo, los talentos y las oportunidades” como instrumentos de fraternidad y reclama que las decisiones económicas, familiares y comunitarias nazcan de “un corazón libre”.
El texto completo de la oración es el siguientes:
“En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
Señor de la vida,
todo lo que tenemos viene de Ti:
la tierra fértil, los talentos recibidos,
el esfuerzo de quienes nos precedieron.
Nada es solo nuestro, todo es don compartido.
Pero tantas veces, Señor, dejamos que la riqueza deseada o alcanzada
endurezca nuestro corazón, nos encierre en el egoísmo
y nos haga olvidar a los más frágiles.
Perdónanos por acumular en lugar de compartir,
por usar los bienes como poder y no como servicio.
Tú nos recuerdas que la verdadera riqueza
no está en lo que guardamos,
sino en lo que entregamos con amor.
Un corazón desprendido transforma el mundo:
abre caminos de justicia, derriba muros de indiferencia,
siembra esperanza entre los pobres.
Te pedimos, Señor, que tu Espíritu nos enseñe a usar lo que tenemos
—dinero, tiempo, talentos, oportunidades— como instrumentos de fraternidad.
Que cada decisión económica, familiar o comunitaria
nazca de un corazón libre,
capaz de reconocer que todo bien es común,
y que solo compartiendo construimos futuro.
Haznos testigos de una riqueza
convertida en servicio y misericordia,
para que nuestra vida, unida a la de los demás,
sea signo de tu Reino de justicia y paz.
Amén”.



