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HOMILÍA

Cada semana la homilía del domingo y días festivos

BIENVENTURADOS… ¡LOS POBRES!

BIENVENTURADOS… ¡LOS POBRES!

IV DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
TEXTOS: So 2,3; 3,12-13; Sal 135; 1Cor 1,26-31; Mt 5,1-12a.

 En el evangelio hay paradojas que llaman la atención.  “Bienaventurados los pobres…” exclama Jesús, mirando a una multitud que le aclama. Ciertamente es esta una proclama lejos de cualquier pretensión política: en una campaña electoral, un programa que comience con estas palabras tendría poco futuro.

Cuando todos deseamos tener más, viene Jesús y nos dice: «¡bienaventurado quien tiene menos!» Es la lógica del evangelio, que choca casi siempre con la lógica del mundo.

Pero hay más. Todos sabemos que esta bienaventuranza se completa con otras siete. También se dice, bienaventurados los pacíficos, los que lloran, los que pasan hambre, los que sufren persecución por el Reino… Son ocho recomendaciones para ser feliz. Pero tienen su truco. Toda buena receta siempre tiene un ingrediente escondido.

Será bienaventurado, quien viviendo una de estas situaciones, las vive por el Reino de los cielos. No es que Jesús justifique el hambre, la pobreza, el sufrimiento o la persecución. Lo que Jesús propone como programa es poner el ser y la vida, el todo de cada uno, en otros valores: en aquellos que no se pueden comprar. Y aceptar, también, la vida en su dimensión menos grata, porque no es el goce la única meta del ser humano, sino saber también estar alegres en la adversidad.

Las Bienaventuranzas se denominan «Carta Magna de la Iglesia». Ellas son la presentación y el banderín de enganche de un estilo de vida, de una manera de vivir y comportarse como el de Jesús.

Quizás las entendamos mejor si, desde el lado negativo, analizamos aquello que denuncian: no será feliz quien pone su afán en el dinero; no será feliz quien coloca su interés en los sentidos desnudos de humanidad; no será feliz quien ha perdido las entrañas de la conmiseración y no llora con el que llora; no será feliz quien teniendo mucho no se hace pobre al compartir con el que menos tiene.

Las bienaventuranzas, en el sermón de la montaña, son como un trueno que rompe la normalidad. Como hoy nos rompe la normalidad, en pleno siglo de la abundancia, el dolor, el hambre, la guerra, la xenofobia.

Esta realidad nos dice que simplemente somos humanos. Pero lo que Jesús propone en las bienaventuranzas es que nos parezcamos a Dios, que tengamos entrañas divinas, que descubramos en el día a día a aquel que nos necesita. Y sobre todo que descubramos que ser cristiano es responder a la gracia de Dios con un estilo de vida, marcado por el espíritu de las bienaventuranzas.

En realidad, Jesús nos propone algo muy radical: construir un mundo «contracorriente»: No es fácil, pero es hermoso… y la belleza, salvará el mundo.

Las Bienaventuranzas es página de oro del Evangelio. A veces, las vemos como una utopía. ¿Soy consciente de que vivirlas me asemeja a Dios y me hace feliz?

 

Alfonso Crespo Hidalgo

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