
“Deja tu ofrenda ante el altar y vete primero a reconciliarte con tu hermano”
DOMINGO VI DEL TIEMPO ORDINARIO
(Mateo 5, 17-37)
El sacerdote que preside la eucaristía preguntó, durante la homilía,
por qué estábamos allí.
El tiempo era desapacible
y había en el templo menos personas que en otros domingos.
¿Era por obligación nuestra asistencia?
La respuesta de los que contestaron fue unánime:
estamos por voluntad propia,
no porque nos obliguen.
En tus palabras de hoy percibo este mensaje:
hay que cumplir la ley,
pero no como los farsantes que se aferran al ritualismo
y se olvidan del corazón con que se hacen las cosas.
Pero quiero quedarme con este otro:
no presentes tu ofrenda
si estás enfadado con tu hermano.
A veces me acerco a ti, Señor, y me olvido de que no estoy solo.
Incluso me atrevo a murmurar
de los que no van al templo a rezar.
Lo que tú quieres es que no riña con los míos,
ni lance murmuraciones sobre los otros.
Quieres que cuando me acerque a ti
esté libre de rencores,
de envidias,
de celos…
Quieres que te ame sin ir pisando a los otros
para colocarme entre los primeros.
Quieres que entienda, de una vez por todas,
que tú lo que me pides es que sea coherente y viva el amor a ti
en cada persona que me encuentro por la calle,
sea del color que sea,
rico o pobre,
sabio o ignorante,
guapo o feo…
Ayúdame a vivir como quieres que viva:
amándote a ti en cada uno de los que me rodean.
Pues solo así podré presentar dignamente mi ofrenda en tu altar.
José Serrano Álvarez