
«Dejadlos crecer juntos hasta la siega»
XVI T. ORDINARIO
(Mateo 13, 24-43)
Caminando por la calle,
no distinguimos a los buenos de los malos.
Van juntos.
Se mezclan.
Incluso comparten intereses, ilusiones y gustos.
Quien hace el mal no lo pregona
sino que lo oculta.
El malvado se muestra en público agradable,
incluso con capacidad de seducir…
¡Cuántas sorpresas nos llevamos
al descubrir la policía a delincuentes que viven junto a nosotros.
Hoy, Señor, nos hablas en parábolas.
Tres de una vez.
Para que entendamos que el reino de los cielos
está reservado para los que viven con rectitud.
Y haces hincapié
en el trigo y la hierba mala
que crecen juntos,
porque un enemigo sembró la cizaña en medio de la semilla buena.
Que crezcan juntos,
hasta que llegue la hora de la siega.
Cuando llegue la hora definitiva, mi Señor,
me gustaría ser el trigo que tú sembraste en mi corazón.
Quisiera que entonces la semilla haya dado frutos buenos,
aunque hayan intentado asfixiarla en su crecimiento.
Me gustaría, sí, poder mirarte a la cara
y decirte que, aunque haya producido poco
he trabajado por no dejarme amilanar
por los que buscaban mi muerte.
Pero sé que yo solo puedo ser estéril
si tú no me proteges.
Por eso te pido que me cuides cada día,
que me apartes la cizaña que quiere asfixiarme.
Ayúdame a crecer en tu amor
para que el fruto que de mi salga sea lo que tú quieres,
no lo que busco yo.
José Serrano Álvarez