
“Este es el cordero de Dios, que quita el pecado del mundo”
DOMINGO II DEL TIEMPO ORDINARIO
(Juan 1, 29-34)
Hay datos que ponen la carne de gallina:
A lo largo del año 2024, en el mundo había
más de 123 millones de personas
desplazadas por la fuerza
a causa de persecuciones,
conflictos, violaciones de los derechos humanos,
violencias, desórdenes públicos…
Y cerca de cincuenta mil personas murieron
en el mismo tiempo por conflictos diversos.
Hoy las palabras de Juan el Bautista anuncian
que Jesús es el cordero de Dios
que viene a quitar el pecado del mundo.
El cordero que se sacrifica
para que el mal desaparezca.
A menudo, Señor, me entra la duda
de si ha merecido la pena
que hayas venido a este mundo a salvarnos.
¡Mira cómo estamos!
Da la impresión de que no tenemos remedio
porque nos destruimos los unos a los otros.
La imagen del cordero que es sacrificado
para que nosotros tengamos vida
es demasiado fuerte.
Porque no nos merecemos ese sacrificio tuyo.
Más tú insistes pues quieres que yo me salve.
Y quieres que ayude a los otros a que también se salven.
Porque eres el Padre que busca siempre el bien de todos,
aunque a veces estropeemos tus planes de salvación.
Sé que tengo que ayudar,
pues no sería honesto acudir a tu abrazo sin llevar conmigo a otros.
Podrías echármelo en cara si fuera solo.
No debo cruzarme de brazos ante la maldad que nos rodea,
sino que tengo que trabajar para que se imponga el amor entre todos,
hoy es más necesario que nunca.
Dame la fuerza necesaria para ayudar a esta tarea.
José Serrano Álvarez