
“¡Ha resucitado!, como había dicho”
SÁBADO SANTO
(Mateo, 28, 1-10)
La muerte, en sus diversas formas,
es la noticia que casi nunca falta
en los medios de comunicación.
Muertes de famosos, jóvenes o entrados en años.
Muertes de mujeres a manos de desalmados.
Muertes causadas por las guerras que se libran actualmente.
Muertes de inmigrantes antes de llegar a sus destinos.
Muertes de personas que viven en la calle.
Muertes en accidentes diversos…
Una parte de esas muertes son lloradas.
Pero también las hay que quedan olvidadas.
A ti, Jesús, te dieron muerte colgándote de un madero.
Cuando bajaron de la cruz tu cuerpo inerte,
unas sencillas mujeres, tu madre con ellas,
te embalsamaron para colocarte en el sepulcro.
Y se fueron.
Señor, sé que la muerte no es el final
sino el comienzo de la vida nueva
que nos has prometido.
Aunque a veces, en medio del dolor
que causa cada pérdida humana de un ser querido
cueste asumir esta verdad.
Hoy quisiera ser como las mujeres
que corrieron al sepulcro
donde te habían colocado,
para ver si aún estabas allí.
Y aunque dude, a veces,
necesito que me ayudes a seguir creyendo
en que, con tu resurrección,
me invitas a resucitar yo también,
dejando atrás lo que me ata a la muerte.
Señor, que siga creyendo que tú eres
quien viene a salvarme y a llevarme
a esa vida nueva que tienes preparada
para los tuyos.
José Serrano Álvarez