
«No tengáis miedo a los que matan el cuerpo»
XII T. ORDINARIO
(Mateo 10, 26-33)
A lo largo de los siglos, miles de cristianos han muerto
por defender la fe,
siendo testigos de Jesús.
Incluso en nuestros tiempos,
en lo que va de este año 2026,
han muerto por ser cristianos unas cinco mil personas,
la mayoría en Nigeria.
Tú, Señor, dices a los tuyos que pierdan todo miedo,
y que prediquen lo que les has enseñado;
que si por ello pierden la vida
serán recompensados.
Me siento reconfortado, Señor,
aunque a menudo me entre miedo,
sí, miedo a no saber darte lo que me pides;
a defraudarte porque soy débil
y me cuesta poner la otra mejilla
cuando me abofetean.
Por eso te pido que me ayudes
a alejar de mí esos miedos que me atenazan
impidiéndome ser testigo total de tu amor.
Ayúdame a ser valiente
cuando tenga que demostrar a los demás
y a mí mismo, que ser cristiano no es cualquier cosa
sino el privilegio de ser amado por mi Dios
que se ha dado todo por mí.
Ayúdame a dar la cara ante los que no te conocen,
que vean en mí que soy de los tuyos,
que no me avergüenzo de la fe que profeso.
Ayúdame, Señor, a verte en cada persona
con la que me cruzo en la calle,
en cada pobre que pide limosna,
en cada mujer que sufre violencia,
en cada niño que llora…
Ayúdame a ser testigo fiel
no escondiéndome ante los peligros,
ni pavoneándome en los momentos gloriosos.
Ayúdame a que mi vida sea un camino seguro
hasta el encuentro contigo
en la gloria del Padre.
José Serrano Álvarez