
«Recibid el Espíritu Santo»
PENTECOSTÉS
(Juan 20, 19-23)
Hay comunidades cristianas que celebran los cultos en la clandestinidad.
Desde los primeros seguidores de Jesús hasta el presente,
miles de creyentes han dado su vida en defensa de la fe.
El martirio no es cosa del pasado
pues en nuestros días siguen muriendo seguidores de Jesús
solamente por el delito de creer en él.
De forma violenta se arrebatan muchas vidas,
pero también se aplasta, de formas diversas, la libertad para creer en Dios.
Antes de que llegue la noche, te haces presente, Señor,
en medio de los discípulos
que están encerrados muertos de miedo,
pues temen que los judíos hagan con ellos
lo mismo que hicieron contigo.
Tú les quitas el miedo dándoles el soplo del Espíritu Santo
que les llenará de fuerzas
para salir del encierro a predicar la buena noticia.
Hoy quiero pedirte, Señor,
que infundas dentro de mí tu Espíritu.
Para que aprenda a discernir lo verdadero de lo falso
y así pueda comprender lo que realmente merece la pena,
que eres tú, y disfrutar de ti plenamente;
para que entienda que tu palabra es mi vida
y debe orientar todos mis actos;
para que mis decisiones sean ajustadas a tu voluntad;
para que nunca me falten fuerza y valor para caminar,
aunque sea entre peligros,
por el camino correcto;
para que sepa ver que todo lo creado es obra tuya
para gloria de tu nombre y para servicio a los hermanos;
para que mi corazón esté siempre dispuesto
a amarte sobre todas las cosas
y a ver a los demás como hermanos
a los que debo amar como a si ellos fueran tú;
para que nunca tenga la tentación
de separarme de tu amor
pues esto es lo que me sostiene.
Que tu Espíritu, Señor,
me transforme en el hombre nuevo
que quiero ser
para merecer tu reino.
José Serrano Álvarez