Ir al contenido
  • Llámanos: +34 680 23 12 48
logo-parroquiaweb

ParroquiaWeb

Internet es un regalo de Dios

Papa Francisco
Whatsapp Facebook-f Twitter Instagram Pinterest Youtube
  • Inicio
  • Trabajos
  • Recursos diarios
    • Imagen del día
    • Evangelio del día
    • Santo del día
    • 3 minutos con Dios
    • Mensaje diario
    • Rezando al caer de la tarde
  • Contacto
  • Inicio
  • Trabajos
  • Recursos diarios
    • Imagen del día
    • Evangelio del día
    • Santo del día
    • 3 minutos con Dios
    • Mensaje diario
    • Rezando al caer de la tarde
  • Contacto

HOMILÍA

Cada semana la homilía del domingo y días festivos

EL ARTE DE CORREGIR

XXIII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
TEXTOS: Ez 33,7-9; Sal 98; Rm 13,8-10; Mt 18,15-20

EL ARTE DE CORREGIR

La maravillosa carta a los romanos nos deja hoy un mensaje grandioso: la plenitud de la ley es el amor. E insiste: ¡a nadie le debáis nada, más que amor! Uno que ama a su prójimo no le hace daño.

En esta perspectiva, se sitúa ese maravilloso gesto cristiano de corregir al hermano. Jesús es claro en su enseñanza: ¡si tu hermano peca, corrígele! El Maestro nos enseña la pedagogía de la corrección fraterna: hay que corregir de «dentro a fuera». Esto es, primero se le indica al interesado; si no hace caso, se consulta con alguno de sus amigos; y si aún se resiste, se dice a la comunidad. La corrección va siguiendo como unos círculos concéntricos de menos a más. Desde la intimidad a lo público.

No es esto lo más frecuente, por desgracia. Cuántas veces invertimos los círculos y comenzamos al revés, de más a menos, de lo público a lo íntimo: primero le comunicamos el pecado, el defecto del otro, al grupo o comunidad -incluso si es posible, a la prensa, en la tertulia de turno y hasta lo subimos a las redes- luego lo comentamos más intensamente entre los amigos y conocidos y, por casualidad, se entera el interesado.

Así, lo que podía haber sido una corrección fraterna se convierte en critiqueo o noticia amarilla de portada. Como somos muy sutiles, a veces, escondemos nuestra crítica malsana con una supuesta buena intención: «Es por su bien. No es que quiera criticar, pero…».

La diferencia entre la corrección fraterna y el critiqueo está en la clave del amor. Cuando se corrige al hermano, en el corazón del que hace la corrección hay siempre dolor porque el otro ha actuado mal, y un deseo de que el pecado o el mal gesto del otro no sean conocidos; nos mueve y nos alegra que el otro se corrija y sea mejor. Cuando simplemente se critica, hay una alegría escondida y un deseo morboso de propagar el pecado o el defecto del otro. Incluso gozamos si se mantiene en el error y decimos con sutil satisfacción: «¡no tiene arreglo!».

Nuestra sociedad es una sociedad criticona. Se calumnia incluso con cierta impunidad y se propagan, con gran cantidad de medios y recursos, simples sospechas y suposiciones que pueden hacer daño. El critiqueo es el cáncer que lentamente destruye las buenas relaciones de un grupo. Sin embargo, el «arte de corregir» parece en desuso: los mismos padres y educadores, y los mismos amigos, lo hemos dejado de lado, amparados en el recurrente: «no hay que meterse en la vida de nadie». Pero esto viene de lejos, desde el Antiguo Testamento: el mismo profeta Ezequiel reclama la necesidad de advertir al malvado para que cambie de conducta; y con palabras duras dice que quien tiene la obligación de corregir al que va por mal camino y no lo hace tendrá que rendir cuentas de su responsabilidad. Cuando hay que ayudar al otro con un consejo o una corrección no vale «ponerse de perfil» y decir internamente: no es mi problema.

Los cristianos no debemos criticar, sino corregir al hermano, comenzando desde la intimidad. Porque, como dice el apóstol Pablo: quien ama no hace daño a nadie y se alegra con el bien del otro.

El critiqueo se ha extendido: se calumnia sin rubor. Las redes sociales se han ensuciado. ¿Participo del critiqueo y el chisme o me afano en corregir al hermano con caridad?

Alfonso Crespo Hidalgo

👁️: 2
Facebook
Twitter
Pinterest
Email
WhatsApp
6 septiembre, 2026

Somos propensos a culpar a los otros, eximiéndonos a nosotros mismos de toda culpa. Hasta en las más pequeñas cosas culpamos a los demás para

Leer más »
5 septiembre, 2026

¿Quién soy yo para juzgar a nadie? ¿Quién soy yo para hacer distinciones a la hora de ayudar a los demás? Lo que se me

Leer más »
4 septiembre, 2026

Un creyente no puede cerrar los ojos ante las personas que están a su lado, sean ricas o pobres, sabias o ignorantes, sanas o enfermas,

Leer más »
3 septiembre, 2026

Hay que ser valientes y decir no a nuestro caprichos y deseos, que nos están presionando permanentemente. Tenemos que estar más atentos a lo que

Leer más »
2 septiembre, 2026

Correr detrás de los logros humanos, buscar el bienestar material y entregarnos al deleite terrenal no tiene sentido. Quienes hemos sido llamados a vivir como

Leer más »
1 septiembre, 2026

Nunca debemos cansarnos de pedir perdón a Dios por nuestros fallos. Porque siempre lo obtendremos. Su misericordia es infinita y, como Padre nuestro que es,

Leer más »
VER TODAS

ParroquiaWeb 2017-2025

+34 680 23 12 48​

  • Aviso Legal
  • Política de Privacidad
  • Política de Cookies
Whatsapp Facebook-f Twitter Instagram Pinterest